lunes, 23 de septiembre de 2013

PRECIOS, ESPECULACIÓN Y GUERRA ECONÓMICA. DIEZ CLAVES

PRECIOS, ESPECULACIÓN Y GUERRA ECONÓMICA. DIEZ CLAVES
Por: Luis Salas | Sábado, 14/09/2013 09:55 AM | Versión para imprimir
1. La inflación no es una distorsión de los mercados. Es una operación de transferencia de los ingresos y de la riqueza social desde un(os) sector(res) de la población hacia otro(s) por la vía del aumento de los precios. En lo fundamental, esta transferencia se produce desde los asalariados hacia los empresarios, pero también desde un fracción del empresariado hacia otra fracción de los mismos. O dicho de manera más clara: en la inflación se expresa la lucha de fracciones o sectores empresariales (en especial los más concentrados) por incrementar sus ganancias a costa del salario de los trabajadores (es decir, de la mayoría de la población) pero también con cargo a las ganancias de otros sectores empresariales en especial los pequeños, medianos y menos concentrados. Adicionalmente, tal y como ocurre actualmente en Argentina o como ocurrió durante el gobierno de Salvador Allende, la inflación se usa como herramienta de lucha política. Para presionar a gobiernos, imponer intereses o simple y llanamente conspirar desesperando a la población, desmoralizándola y atizando el odio en la misma al confrontarla entre ella. Es por este motivo que en los casos en que se le utiliza abiertamente como herramienta de lucha política el correlato es la escasez: es la condición necesaria para imponer la lógica de la sobrevivencia del más fuerte, que en este caso se expresa a través del que tiene más plata al momento para comprar o el que llega más rápido y se lleva toda la existencia en una especie de saqueo organizado. La inflación es el correlato económico del fascismo político.

2. Una de las primeras conclusiones que se pueden sacar de lo anterior es que no tiene mucho sentido seguir hablando de “inflación y escasez” cuando de lo que estamos hablando es de especulación, usura y acaparamiento. Pero la diferencia entre los términos no es solo nominal: es de sentido. En el primer caso, pareciera como si tales cosas ocurren de manera accidental y no deseada, más allá de la voluntad de los comerciantes quienes según las teorías dominantes se reducen a ser “tomadores de precios”, o en última instancia, reaccionan racionalmente ante las amenazas de la irresponsable intervención estatal. Pero en el segundo caso queda en evidencia el conflicto poder involucrado en la dinámica de la formación de precios. No se trata de accidentes ni de desequilibrios si no de prácticas deliberadas puestas en función de propósitos deliberados. Claro que cuando estas prácticas se producen tienden a reproducirse más allá de sus responsables inmediatos y se generalizan. De tal suerte, el pequeño o mediano comerciante afectado por los precios impuestos por el proveedor oligopólico necesariamente sube los suyos pues de los contrario correrá el riesgo de sufrir pérdidas. Pero también pasa que pequeños comerciantes especulan incluso muy por encima de las grandes empresas aprovechándose de sus vecinos y conocidos, tal y como somos testigos tanto en zonas rurales como populares pero también en zonas urbanizadas.. Esto último es uno de los efectos más perversos de las prácticas especulativas y acaparadoras como estrategia de captación de ganancias extraordinarias, y a su vez, una de las razones por las cuales es tan difícil combatirlas

3. El problema del aumento de los precios en nuestro país, así como los conexos de especulación y el acaparamiento, no podrán solucionarse satisfactoriamente, en términos justos y definitivos mientras no se cambie la manera unilateral e interesada de ver dichos asuntos, esta es: la teoría económica transformada en sentido común y expresada con distintos grados de intensidad tanto por ciertas izquierdas como por derecha según la cual dicho aumento de precios consiste en un problema inflacionario derivado particularmente de la intervención del Estado en el libre juego de la oferta y la demanda en medio de mercados que, por su propia naturaleza, tendería al equilibrio si se elimina dicha intervención. Dicho en otras palabras, lo que sostengo para el caso de la economía es lo mismo que todo médico (y también todo paciente) sabe que aplica para el caso de la medicina: si se falla en el diagnóstico necesariamente se falla en el tratamiento, de modo tal que se corre el riesgo no solo de no curar la verdadera enfermedad sino de agravarla al tiempo que se causan males secundarios debidos a la aplicación de un tratamiento incorrecto. En nuestro caso, el mal diagnóstico comienza cuando se habla de “inflación” para referirse al problema de los altos precios de los bienes y servicios. Y sigue cuando se afirma que dicho problema es causado por la intervención del Estado –bien controlando los precios, bien aumentando unilateralmente los salarios, bien subsidiando los productos o bien emitiendo dinero para aumentar ficticiamente la demanda (el clásico tema del Estado populista que “regala” el dinero a los pobres a través de becas, etc.)- en medio de una realidad que sería armónica de no mediar dicha intervención. El lugar del paciente más que “la economía venezolana” en términos abstractos aquí lo ocupan los consumidores (que a su vez son trabajadores asalariados en su gran mayoría, o pequeños productores y comerciantes que se ven espoleados por los más grandes) que deben cobrar mayor conciencia no sólo de que el conocimiento de los males que lo afectan es condición esencial para iniciar la recuperación y eliminar los padecimientos, sino que su papel debe ser más activo para que sea efectiva dicha recuperación.

4. El afirmar que la inflación se debe a un desbalance entre producción y consumo, siendo que este último sobrepasa la capacidad de la primera, es repetir una matriz tanto falsa como peligrosa. Si este último fuese el caso entonces en Venezuela hubiese hiperinflación desde los años cincuenta porque desde mediados de aquella década tal desfase existe en mayor o menor grado. Pero además, aunque bien es cierto que dicha brecha es propiciadora de la subida de los precios no explica por qué suben, pues en última instancia lo que lo explica es que en situaciones como esas los vendedores aprovechan para aumentar sus márgenes de ganancias a costilla de los compradores. El que eso parezca normal es precisamente el mejor indicador del problema, en el sentido de la manera cómo se naturaliza la práctica capitalista. Lo que quiero decir es que en una situación de escasez –real o ficticia, accidental o provocada- o donde la demanda de la población está muy por encima de la capacidad de satisfacerla bien por la producción interna o bien por las importaciones, no supone de suyo que los precios aumenten. Los precios aumentan no por la escasez en sí misma si no por las relaciones en medio de las cuales se producen que, en el caso de las economías capitalistas están mediadas por el afán de lucro individual a través de la explotación del otro -el egoísmo, tal y como lo llamó bien temprano Adam Smith o la “maximización de los beneficios”, tal y como lo dirían más tarde elegantemente los utilitaristas y neoclásicos. Ese egoísmo y el marco de competencia sobre el cual se da es lo que lo propicia y explica.

5. La inflación no existe: en la vida real, esto es, cuando una persona va a un local y se encuentra con que los precios han aumentado no está en presencia de una “inflación”. En realidad, lo que tiene al frente es justamente eso: un aumento de los precios, problema del cual la inflación en cuanto teoría y sentido común dominante se presenta como la única explicación posible cuando en verdad es tan solo una y no la mejor. Se presenta como la única posible porque es la explicación del sector dominante de la economía en razón de la cual se la impone al resto. En tal sentido, debemos ver cómo se forma y cómo funciona esta idea, pero sobre todo qué cosa no nos muestra, qué cuestiones claves no nos deja ver ni nos explica tras todo lo que dice mostrarnos y explicarnos como obvio.

6. El control de precios en los mercados es un falso problema porque en los mercados los precios siempre están controlados: en realidad, cuando los economistas se refieren al control de los precios como problema se están refiriendo al control de precios del Estado. Para la mayoría de ellos, debe dejarse que el “libre juego” de la oferta y la demanda se realice y autorregule los mercados. Sin embargo, en la única economía donde esa autorregulación funciona es en la de los manuales con que estudiaron dichos economistas. En un mercado suele suceder que los precios son impuestos por los productores y los ofertantes. Y en el caso venezolano eso es todavía más cierto dadas las condiciones oligopólicas y monopólicas de producción y comercialización. En este sentido, la opción al que el Estado controle los precios es que los precios sean controlados por los comerciantes y los productores, los cuales dadas las asimetrías correspondientes tenderán –como viene ocurriendo en la práctica más allá de la regulación- a imponerle al consumidor condiciones que van en desmedro de sus intereses. Por lo demás, argumentar que hay que eliminar un control de precios porque es malo, no cumple con su cometido, hace que suban más los precios, que se cree un mercado negro, el contrabando o la fuga de divisas, es tan absurdo como decir que hay que eliminar el código penal o las cárceles porque las autoridades no pueden meter a todos los delincuentes presos o existe impunidad. Nadie en su sano juicio pensaría eso. Si el control de precios no funciona o tiene fallas hay que mejorarlo pero no quitarlo pues quitarlo no soluciona el problema. Si el Estado no controla los precios los precios seguirán siendo controlados y nunca existirán mercados perfectamente equilibrados por la “mano invisible” del mercado. Eso ya lo sabía el mismísimo Adam Smith. Los precios serán impuestos por los productores y comercializadores tácita o concertadamente en perjuicio de los consumidores. La metáfora de la mano invisible inventada por Adam Smith y abusada por los economistas vulgares sólo sirve para invisibilizar las manos de quienes en verdad controlan y regulan la producción y comercialización de bienes y por tanto los precios.

7. En nuestro país el problema de los precios no comenzó hace 14 años. Y en honor a la verdad tampoco empezó con los adecos o el puntofijismo, sino que forma parte de una característica intrínseca al tipo de capitalismo desarrollado a partir de la llegada del petróleo. Lo que se quiere decir en términos generales es que la economía capitalista venezolana se ha caracterizado a lo largo de su historia por tener precios altos, lo cual se ha traducido en las tasas históricamente altas de acumulación y distribución desigual del ingreso observadas en nuestro país

8. El problema de los precios, dado lo anterior, deriva de un problema: el de la creación, distribución y acumulación de la riqueza una vez creada. Los precios altos no son un indicador de mercados distorsionados, es la expresión de la lucha de clases dentro de la sociedad capitalista venezolana.

9. El control de precios por sí solo no elimina el problema. Es necesario pero no suficiente y de hecho puede agravarlo sino se toman medidas complementarias al nivel de la producción (aumentar la oferta de bienes y servicios producidos y ofertados), pero también cambiar las relaciones de producción para evitar que la acumulación y la ganancia sigan determinando a las relaciones entre las personas. Sustituir la acumulación individual y la explotación como principio organizador de lo económico y social por un modelo productivo basado en la lógica de lo común, lo cual por cierto también incluye la creación de un novedoso y sistema bancario, financiero y de intermediación distinto al privado pero también la público, que debería erigirse a partir de la experiencia de la banca comunal con un doble propósito: por una parte, financiar y reproducir el “socialismo productivo”; pero por la otra reducir y al largo plazo evitar que la renta petrolera, el presupuesto público en general y los propios recursos “hechos en socialismo” sigan drenando al capital financiero y comercial aumentando las condiciones de desigualdad, atrofia y concentración que caracterizan a nuestra economía y por tanto a nuestra sociedad.

10. La guerra económica no es contra el gobierno, es contra la población toda. Conspirar a través de lo económico contra el gobierno es un pre-requisito necesario para la burguesía nacional y transnacional en vista de profundizar su guerra estructural y mucho más prolongada contra la población trabajadora. Es decir, la guerra contra el gobierno es una guerra derivada de la guerra originaria, la que involucra a los capitalistas contra los asalariados, en la medida en que la política económica del chavismo se ha basado en una distribución más equitativa del ingreso al tiempo que ha excluido a la burguesía del control del Estado, aspecto este clave para su práctica histórica de acumulación de capitales en cuanto el capitalismo en Venezuela se desarrolló históricamente como un capitalismo de y desde el Estado. En tal virtud, no es solo el gobierno el responsable de enfrentarla y ganarla sino la población toda, incluso aquella que no comulga con el actual gobierno pero que igual se ve afectada. Ganar esta guerra significaría avanzar un poco más en vista a crear una economía más democratizada y menos sujeta al malandreo de los pranes (viejos y nuevos) que durante décadas han usufructuado la riqueza nacional y mundial.


salasrluis@gmail.co

martes, 17 de septiembre de 2013

Papeles para el Debate


 Papeles para el Debate
ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN POLÍTICA NACIONAL
Elaborado por: Manuel José Montañez Lanza (*)

Histórico.
Un conjunto de marchas y contramarchas es lo que ha signado la presente y sui géneris experiencia política. Nos encontramos frente a una situación de reacomodo político organizacional luego del rotundo triunfo presidencial para la reelección del Cdte. Pdte. Hugo Chávez, el pasado 07 de octubre de 2012; reacomodo que de concretarse, disipará la neblina que opacaba el horizonte a ser alcanzado. El mismo, tendrá indefectiblemente repercusión importante a todos los niveles e instancias de la sociedad venezolana siendo que las próximas elecciones de diciembre de 2012 (para gobernadores y Diputados a las Asambleas Legislativas), como también los comicios del 2013 (para Alcaldes y Concejales), definirán en parte, el ajedrez político nacional tanto para impulsar el proyecto emancipador en los próximos seis años, como respecto de los espacios a ser ocupados por los sectores en terna.
Lo anterior obliga tomar las consideraciones oportunas, a fin de evitar que dichas instancias se conviertan en zonas para garantizar un escenario desde los cuales se elaboren, nuevamente, planes a los fines de nuevos intentos desestabilizadores en contra de la presente experiencia popular.
En ese sentido y entendiendo el carácter estratégico y geopolítico de las distintas candidaturas, el movimiento revolucionario que acompaña al Presidente tiene una responsabilidad por delante. Primero, en el seno del pueblo, en el sentido de cohesionar la actuación tanto de su dirigencia como de los cuadros militantes más preclaros; para lo cual, la pugna intestina por el control del poder político (parcelas), en diferentes instancias conllevaría inexorablemente a la perversión del proceso. Dicho fenómeno, debe ser revisado y corregido de ser cierta dicha observación. Segundo, instruir, educar y formar ideológicamente a un “cuerpo político” (incluido el GPP), para que funcione de manera colegiada o de lo contrario, cada quien y cada cual continuará colocando “la brasa para su propia sardina” con base a la percepción positivista de la democracia burguesa que algunos “dirigentes” aun sostienen en la revolución.
Lo anterior, sería consecuencia y producto de la inexistencia de reglas del juego político claras al interior de las distintas expresiones partidarias que pujan por la revolución; que ésta no se aplican en su justa dimensión, o antes por el contrario, son distorsionadas deliberadamente en función de intereses mezquinos y grupales.
A todo evento y en términos de la promoción de la democracia participativa, protagónica y de cara al proyecto socialismo, el movimiento revolucionario organizado debe convertirse, hacia el exterior, en un difusor que informe al mundo, sobre los avances del proceso político que lidera el comandante presidente. Debemos ser una vía confiable, para que junto a los sectores tecno-políticos que constituyen el aparato burocrático del Estado, en todos sus niveles, asumamos la importe tarea de nutrir con base al estudio, propuestas que viabilicen sean consideradas las experiencias de la gente y del pueblo 2 en general en tanto mecanismo de la democracia participativa y protagónica, razón fundamental de los cambios que se están promoviendo. Es imperioso nos convirtamos en un ente o entelequia transformadora.



La organización
Sólo el compromiso con el cambio y el estudio ideológico le darán un verdadero sentido a la existencia de una organización que como el PSUV (y los aliados que constituyen el GPP), aglutinará a los hijos más avanzados del pueblo; quienes como conductores, deberán propulsar y estimular el estudio de las ideas que sustentan la plataforma socialista, robinsoniana, bolivariana y zamorana; donde, el centralismo democrático, sería la única vía para allanar de la organización de todo el pueblo. Ese algo cohesionado, no debe perder de vista su rol histórico y la actuación de los enemigos y adversarios de la Revolución quienes desde afuera y dentro de ella, estimulan las contradicciones a fin de dividir cuando por otras vías no puedan alcanzar sus objetivos.
Una posible respuesta al problema del conflicto sobre la conducción política reconocible por la mayoría, es la necesidad de respetar (léase promover), los liderazgos naturales. Estimular y captar los agentes del cambio dentro de la sociedad toda, para la defensa y consolidación del proyecto socialista. Lo anterior, no implica desconocer el momento táctico y lo estratégico de la revolución en tanto que nos hemos convertido en epicentro de la nueva geopolítica mundial en proceso; mismo en el cual el neo imperialismo genera escenarios que les permitan hacer un nuevo reparto internacional de regiones del mundo con importantes recursos para la vida de la humanidad como para ellos sostener su propósito de vida. Este “pequeño” detalle es arto suficiente para comprender la necesidad de aceptar figuras candidaturales hacia los próximos comicios cuya selección, en otro monto histórico político, podría ser percibida como una imposición, violatoria de la democracia revolucionaria que hemos signado.

Corrientes y tendencias existentes
Desde inicios del proceso hemos podido visualizar (aun se mantienen), dos “corrientes” en pugna con sus respectivas tendencias “ideológicas”. A saber, la “corriente” militarista y la “corriente” civilista y dentro de ellas, las tendencias: 1.) bolivariana y revolucionaria, está primera, está fielmente comprometida con el proceso; es encarnada definitivamente por el Presidente y los cuadros revolucionarios que dentro del proceso mantienen una postura digna a los principios que la rigen. 2.) “Izquierdista”, la definimos como aquella que pretende que todo se haga ya, de inmediato, a su manera y en forma “perfecta”. Son los que tiran los procesos por un barranco (sufren lo que Lenín denominara, “la enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”). Estos (al igual que los anarquistas, en la Guerra Civil española, por ejemplo), no entienden que al haberse escogido la vía pacífica para hacer la revolución, ello obliga a realizar ciertas concesiones para evitar situaciones abruptas; obviamente, sin caer en la tesis social-revisionista de los adecos que pregonan un proceso de mil años sin concreción y paralelo, saquean al país. 3.) Del “Pantano”, llamada así desde la época de la revolución francesa. Este sector, quiere estar bien con todo el mundo, con Dios y con el diablo, y a todo dicen que sí. Es indefinida -son los famosos ni/ni- y en buena medida son oportunistas por cuanto al apoyar a todos, lo que realmente buscan es su propio beneficio sin comprometerse con las posturas ideológicas más acertadas, colocándose 3 en la espera de ver quien triunfa o se impone, para luego negociar y poder materializar sus expectativas. 4.) Oportunista, por su estructura y condición no dudamos en señalarla de derecha y reaccionaria. Se identifica con elementos actitudinales y conceptuales de la ideología pequeño burguesa e incluso, “punto fijista”, que como conducta, queremos erradicar y combatir con esta Revolución. Parte de sus integrantes provienen de la escuela que sustenta las viejas prácticas parlamentarias y de negociación del fenecido Congreso Nacional. Su fundamento es acomodarse económica y políticamente lo mejor posible; “raspar” la hoya antes de que el Gobierno se vaya por el barranco.
En el marco de lo anterior, se observa que el ciudadano Presidente juega sabiamente; siendo que por ahora, existe una situación que induce a pensar de la existencia de un “equilibrio” temporal. La derecha dentro del proceso y el gobierno, incluso los que aun estarían vinculados a planes desestabilizadores en la oposición y que podrían tener alguna conexión con las tendencias antes señaladas, intuyen que más temprano que tarde podrían quedar fuera del juego y cuadre políticos. El sabotaje a la Reforma Constitucional, con todas sus implicaciones, es expresión de ello.

La Convocatoria
El Pueblo, el Soberano enaltecido en La Nueva Carta Magna Bolivariana (quien para algunos pareciera no ser el sujeto del cambio), continúa atendiendo el llamado presidencial para que se organicen y tomen “el cielo por asalto”, si quienes deberían facilitarles las vías de la democracia participativa y protagónica continúan “burlándolos” dado su presunto bajo nivel político e ideológico. El aliento a no desfallecer en cada uno de sus discursos, es determinante. Sin embargo, nos preocupa que existe la posibilidad de que ello se agote como estrategia en solitario; por tanto, el Presidente deberá revisar, modificar y cambiar, con la urgencia que el caso amerita, todo los aspectos de instrumentación políticos que le permitan consolidar una plataforma que garantice llevar a feliz termino el sueño anhelado por la gran mayoría de la población.
Tendrá que saber en tiempo real, ¿Con qué y quienes cuenta? Deberá impulsar y promover nuevas alianzas sociales y políticas que le suministren tiempo para engranar un verdadero aparato que cohesione, sino a toda la sociedad, al menos a su gran mayoría. Más de cinco (05) millones de aspirantes es una cifra muy importante y respetable. No obstante, creemos sin embargo, que el “aparato” deberá estar constituido por mujeres y hombres probos, con visión holística de lo que se quiere como proyecto de país y si es posible, como creemos puede ser, los actores que lo integren deberían estar más allá de la actual estructura. Pero en ningún caso, so pretexto de agrupar fuerzas (partido de cuadros o partido de masas), se debe mostrar debilidad ideológica frente a quienes en aras de acceder al poder real, utilizan las coyunturas para catapultarse (“trepadores políticos”), buscando “identificarse” con la ideología del proceso o con la organización que vanguardiza y promueve el cambio.
Generalmente, este tipo de personas, tienen compromisos paralelos con representantes del viejo régimen (político y financiero), siendo que con sus actuaciones duales y oportunistas, lo que realmente desean es anotarse -más no comprometerse- con todo lo que huela a ganador y nunca con el verdadero cambio, que entre otras cosas conllevaría, a una entrega espiritual, sacrificio de las apetencias desmesuradas, para 4 comenzar a luchar por lo de todo el colectivo. Sería una equivocación no entender lo político como algo dinámico, pues estaríamos negando la dialéctica. Al respecto, la ideología es la referencia que le indica al liderazgo hasta donde debe llegar sin perder la esencia de lo concreto. Hay leyes físicas, como la de la resistencia de los materiales, que les son útiles a la política. Lo ideológico, sería una suerte de Ley de Resistencia que nos puede indicar el límite sin perder el norte.

La Historia Política
El estudio de la historia de la humanidad nos lleva a la necesidad de confirmar, una vez más, que ésta la escribe los pueblos; por ello sostenemos que las revoluciones se caracterizan, al menos en la historia moderna, por la participación masiva, decidida del pueblo (teniendo como referencia sus propias particulares expresiones históricas), y no porque sean violentas en abstracto o guiadas a través de acciones de facto para sustituir un régimen por otro. Por ello debemos revisar la propia realidad sin obviar, claro esta, caminos transitados en otras latitudes y por otros pueblos. Simón Bolívar no sólo fue grande por haber tenido la capacidad de producir ideas y tener la inteligencia que le permitió visualizar hacia donde conducir el Proceso. Fue grande pues comprendió que el actor fundamental era su ejército de mujeres y hombres de todos los pueblos que querían la Libertad e Independencia y al igual que él, conocían claramente a su enemigo; pero por sobre todo, que comprendió que se debía a ello y sin ellos no hubiéramos tenido la gloriosa gesta emancipadora. Como vemos, es cierto que las Revoluciones las encarnas personas con nombres y apellido quienes en tanto líderes nacen del seno de grupos o clase social que motoriza el Proceso. Insurgen y formar la primera línea de la vanguardia necesaria a los fines de conducir las luchas del pueblo. Más sin embargo, sólo el pueblo puede obtener su propia libertad y bienestar. Por tanto sus conquistas no pueden ser observadas como dadivas. Para que ello no ocurra, es necesario organizar y adoctrinar a los miembros más avanzado del pueblo (cuadro político), en una “medula” que actué en forma coherente, ordenada y planificada, para llevar a feliz término el Proyecto Emancipador.



Actuación Correcta en Revolución
La actuación de quienes pretenden llevar a feliz término un Proceso Político Revolucionario, debe inscribirse dentro de un modelo de actuación que se corresponda con la visión según la cual, se debe actuar de un modo distinto a quien no es Revolucionario. Lo contrario, ocasiona desviaciones en el resto de los compatriotas y camaradas que ejecutan las acciones tácticas pues al no “comprender” las particularidades del Proceso mismo o de lo estratégico de éste, generan daños irreversibles. En otras palabras, sin obviar lo particular y sin constreñir lo individual creativo, existen reglas que marcan la diferencia entre la actuación de quien se subroga la condición de revolucionario vs. quienes no lo son y actúan en consonancia (pese a que pudiese ser honesto), con una visión diametralmente opuesta a la vía popular. Para ello, debe estar claramente definida la idea de revolución en atención al modelo societal (económico-político-social), que se desea implementar respecto del existente o inconveniente. Es necesario comprender (para poder actuar), el devenir histórico y las categorías del análisis que acompañan a la corriente del pensamiento revolucionario universal; aquella, cuyo propósito es, traspasar el ejercicio del poder político y económico para que pase a manos de la mayoría de los ciudadanos históricamente 5 excluida, mediante los mecanismos democráticos que el soberano a lo largo de su historia moderna, ha desarrollado y perfeccionado. Por tanto, debe existir una meridiana claridad ideológica de parte del liderazgo, para guiar y orientar a quienes sempiternamente fueron conducidos a través de una corriente del pensamiento cuyo fin siempre fue, dejar todos los recursos de la sociedad al servicio de una minoría elitista y privilegiada.

Rol de la Burocracia.
El papel de los distintos Despachos involucrados en el proceso de la creación de una vía alternativa para modificar el estado de cosas existentes y que se desea cambiar no ha variado en su esencia; no obstante sabemos que los Despachos sólo poseen capacidad jurídica, por tanto, la voluntad de cambio no se manifiesta debido a que fundamentalmente los actores continúan siendo en muchos casos, los mismos o algunos “nuevos” actores, se desenvuelven y desempeñan como agentes de la IV república. Lo que cambió, fue la circunstancia que les permite su actuación; para lo cual, se mimetizan.
La razón de ser de ellos es existir plenamente, más allá incluso, de los proyectos (1er y 2do plan socialista de la nación) En ese sentido, algunos de quienes en la actualidad toman decisiones, descaradamente continúan el sainete del viejo régimen, aplicando la máxima política “gato pardiana”. …”Que todo cambie, para que nada cambie”... Los tecnicismos administrativos, una vez más, son manipulados tal que, la Colectividad histórica, es nuevamente colocada al margen de una toma de decisiones que en su esencia y estilo niega la posibilidad de aplicar la democracia bolivariana participativa y protagónica de cara a la construcción del socialismo del siglo XXI.


El Control de la Gestión Pública.
No basta con tener ministros “confiables” si debajo, en la pirámide jerárquica, los que actúan continúan siendo los mismos funcionarios (muchas veces son “enroscados” y pasan a operar bajo la figura jurídica de la Comisión de Servicio en otros Despachos), quienes se auto califican de indispensables, por tanto, todo poderosos; permitiéndose manipular a sus superiores, muchos de los cuales poseen un conocimiento supino del sentido, finalidad y dinámica de la administración del Estado y la Cosa Pública. Por ello, quienes al lado del Presidente constituyen el Ejecutivo Nacional y en los gobiernos regionales y locales, se les deberá instruir para que revisen sus respectivos despachos, invadidos de presuntos Técnicos, quienes creen poseer derechos adquiridos, ubicándose por encima de toda la sociedad (actuando en el marco de la incompetencia de algunos funcionarios de “confianza”), aprovechan para entorpecer, distorsionar y retardar lo más que se pueda, el logro de los objetivos de la Revolución Bolivariana. Ellos representan un viejo estilo burocrático de actuación que en su esencia es antidemocrático, perturbador y corrompido; dándose el lujo (pues sus privilegios no los han perdido y en algunos casos los profundizaron por la ignorancia y permeabilidad de sus nuevos “jefes”), de inducir algunas tomas de decisiones, violentando el principio fundamental de la nueva sociedad que pretendemos construir así como de la legislación que le sustenta. 6

Antiimperialismo y Revolución
El discurso del Presidente Chávez, cuya base histórica moderna data de fecha (sin descontar nuestra propia historia patria y las tentativas que antecedieron a la Revolución de octubre en 1917), anterior a la primera y segunda guerras mundiales del siglo XX, donde la contra revolución internacional “inventó” la Guerra Fría, como consecuencia de la Polarización entre el capitalismo en contra del socialismo, en tanto contra medida a las luchas revolucionarias que los pueblos del mundo daban en respuesta a las pretensiones de control y expansión de las potencias mundiales (viejas y nuevas), al querer supeditar por siempre y para siempre, el destino de pueblos y recién creadas Naciones, al desarrollo de su devenir económico y político; utilizando como principio base, la violencia legítima a través de órganos supra nacionales, a objeto de garantizar la dominación. En ese sentido, hoy como ayer, los luchadores sociales fueron y han sido vilipendiados y difamados (por sus enemigos internos y externos), dadas sus posturas irreductibles frente a los abusos y atropellos de parte de quienes se subrogan para si el “derecho” a manipular el destino del resto de quienes vivimos en este planeta. El oponer el socialismo, como filosofía de vida (tesis correcta en estos días de miseria política, globalidad y neo liberalismo), envuelve inexorablemente el estudio y comprensión de lo más sublime y elevado del desarrollo intelectual y espiritual de la humanidad en los últimos dos mil años, en su lucha por detener la irracionalidad, la utilización exacerbada, inconveniente e inoportuna del individualismo, que como precepto es codiciosamente manipulado y utilizado por los mentores del capitalismo, para debilitar el espíritu real del hombre; valga decir, el colectivismo como base para la garantía del hombre en tanto ser individuo. De allí, la importancia de que estudiemos todo el contenido y soporte de la filosofía (ético-moral), de vida que el Líder de la Revolución expresa en su discurso político, base y sustento inequívoco, que como “viento favorable” nos da luces y nos indica el camino correcto para consolidar la Revolución Bolivariana.

(*) Politólogo e Internacionalista
M.Sc. en Seguridad y Defensa

Caracas, noviembre de 2012